
Esta mañana me fue imposible de nuevo comenzar con la lectura de "En busca del tiempo perdido": he perdido tanto tiempo al tratar de leerlo, pero en el fondo debe ser por el peso que tiene en lo más hondo de sus palabras, desde el beso de la madre del narrador, pasando por la tia Leoncia, el lúgubre mecanismo terminal de Francisca, la vida del tío o el patetismo de Legrandin. En medio de todo este tiempo perdido, tal vez por desidia o un estigma neurótico, pienso en riñones. Pongo en el youtube, como parte de mi acervo para una nueva sección de la revista, James Joyce y me topo con un documental muy peculiar, como una especie de reconstrucción o adaptación comentada. Los riñones en la mañana, similares a los que olía en la ruta treinta y nueve cerca del mercado Juárez cuando leía el Ulises tras lágrimas que provocaban los niños de un campamento donde hacía mi servicio social. No sé si sea la ansiedad o algo más en el fondo, pero duelen los dedos las manos cuando escribo, espero no sea por una señal médica que tuve. Durante la escena de los riñones pienso en una prueba psicológica de tres animales: gato, águila y serpiente de cascabel. La serpiente de cascabel, por el orden y las reglas de la prueba, resume posiblemente quién sea yo. Pero no sólo termina en la imagen, sino en la propia interpretación de la imagen: un animal que vive en zonas extremas, cambia de piel, solitario a mi parecer, aunque seguro no lo sea, pero que a pesar de todo eso decide procrear. Decide procrear. Después de todo esto, el documental comienza con un hombre viendo el vómito verde de una anciana igual al del mar cerca de Irlanda. Tenía que escribir algo antes de hacer digestión con la ansiedad. Sucede cuando abandonas un libro y la solución no es escribir, sino escuchar la muerte caminar.




