sábado, 8 de mayo de 2010

Riñones


Esta mañana me fue imposible de nuevo comenzar con la lectura de "En busca del tiempo perdido": he perdido tanto tiempo al tratar de leerlo, pero en el fondo debe ser por el peso que tiene en lo más hondo de sus palabras, desde el beso de la madre del narrador, pasando por la tia Leoncia, el lúgubre mecanismo terminal de Francisca, la vida del tío o el patetismo de Legrandin. En medio de todo este tiempo perdido, tal vez por desidia o un estigma neurótico, pienso en riñones. Pongo en el youtube, como parte de mi acervo para una nueva sección de la revista, James Joyce y me topo con un documental muy peculiar, como una especie de reconstrucción o adaptación comentada. Los riñones en la mañana, similares a los que olía en la ruta treinta y nueve cerca del mercado Juárez cuando leía el Ulises tras lágrimas que provocaban los niños de un campamento donde hacía mi servicio social. No sé si sea la ansiedad o algo más en el fondo, pero duelen los dedos las manos cuando escribo, espero no sea por una señal médica que tuve. Durante la escena de los riñones pienso en una prueba psicológica de tres animales: gato, águila y serpiente de cascabel. La serpiente de cascabel, por el orden y las reglas de la prueba, resume posiblemente quién sea yo. Pero no sólo termina en la imagen, sino en la propia interpretación de la imagen: un animal que vive en zonas extremas, cambia de piel, solitario a mi parecer, aunque seguro no lo sea, pero que a pesar de todo eso decide procrear. Decide procrear. Después de todo esto, el documental comienza con un hombre viendo el vómito verde de una anciana igual al del mar cerca de Irlanda. Tenía que escribir algo antes de hacer digestión con la ansiedad. Sucede cuando abandonas un libro y la solución no es escribir, sino escuchar la muerte caminar.

martes, 20 de abril de 2010

miércoles, 24 de marzo de 2010

Violencia en el país de las maravillas


Varias han sido las ideas que han ido rondando en mi cabeza la última semana. Hoy, por una razón en particular, pensé que era prudente escribir una entrada más, acordonar estas ideas en el espacio y decidir usar una antibiótico frente a la fiebre debido a una infección desde hace días.


I


Al ir en el camión, una de mis rutas favoritas porque no tiene amortiguadores, me topé con una antigua amiga, molesta y casi sin ganas de saludar por su misma situación de desempleo. Mencioné que yo estaba en inactividad porque estoy preparándome para mi examen de admisión en el doctorado. "No se vale mamar y dar patadas si estás mamando de la teta", dijo indignada porque fue despedida por un mal entendido o denuncia de un compañero, el cual daba estas patadas. Bajé rumbo a la macroplaza a leer y escribir. Pensé en esa frase. Tal vez estaba en lo correcto: una frase con bastante moral cristiana, de la mala, la que tanto daño ha hecho a los inocentes y tanto bien a los imbéciles que crecen con la ciudad. Sin embargo me puse a pensar: "es válido dar patadas o morder la teta si sabes que esa leche se obtiene por medios injustos". Muchas cosas cambiarían en la política. Sobre todo en cultura y educación.


II


Tanto se ha hablado de la risa. Convierte en nada aquello en lo que antes teníamos esperanzas, cura, destruye instituciones corruptas, humilla o libera; sin embargo, su abuso conlleva a la evasión y no solo eso. Una risa puede tener la más profunda tristeza de la humanidad. Reirnos de nosotros no es tan sano después de todo. Pero, en todo caso, reirse de uno mismo es lo más natural dentro de lo grotescto y absurdo de nuestra existencia. Ninguno de los dos lados--reirnos o afrontar-- tiene la razón en la vida. Tan sólo son.



III


En unos minutos partiré a un lugar, debido a mi participación con un grupo de jóvenes exiliados (voluntaria e involuntariamente) de un espacio donde coincidimos en el pasado. Hay ambigüedad en el aire. Todo estará bien. Espero mi sueño lo sepa.

domingo, 7 de marzo de 2010

La moral de los corsarios


El cine puede servir como instrumento de una revolución, sobre todo a manera de propaganda, como ocurre en los mensajes al inicio de la función, en particular aquellos que tratan la pirateria. El internet es un medio donde las opiniones pueden coincidir en la estupidez e ignorancia por debajo de la moral en estos anuncios: tenemos un papá pirata o no se moleste en llamar a la hora de pedir un trabajo. Por otro lado, fuera de este interés sin fin en las discusiones, pero siempre móvil en el tiempo, mi interés está en la frase que alude al hecho de comprar pirateria como un signo de identidad: adquirirla y fomentarla te dice quien eres, pero, en los cines, bajo la moral de una cultura dominante, capaz de drenar los cerebros de lo oprimidos o de los verdaderos muertos vivientos del amanecer de los muertos de Romero.


Juguemos un poco con las palabras de los emisores: comprar pirateria me dice quién soy. Cierto...sin embargo, estas ilocuciones en el lenguaje despiertan cierto racismo y proyectos nacionales, por lo tanto, de un pequeño porcentaje de la población. Quien compra pirateria no asume la actitud de estos mensajes, es más bien, la única manera viable de sentir la ilusión del sueño burgues, compartir el mismo estilo de vida--en apariencia--con el de los que tienen buen nivel en su "espíritu". Comprar pirateria habla de una sociedad de cuerpos usurpados por las empresas y la contradicción de clases. La pirateria es el ideal apócrifo de la burguesía a través de los ojos del proletariado. Los comerciales que la denuncian son expiaciones o indulgencias de los pecados de las clases altas con el fin de continuar bebiendo como parásitos sin talento, para así no sentir culpa alguna de sus equivocaciones al prójimo, al otro, al pirata en medio del naufragio social.

sábado, 20 de febrero de 2010

Bartebly: más allá del silencio en "la pulsión negativa"


En realidad, no tiene nada qué ver el título con lo que estoy a punto de plasmar aqui. Tenía que recordarme de alguna forma una discusión todavía inconclusa para mí, pero al ir platicando en el auto con mi padre, olvidé tomar rumbo de mi otra conversación en la cabeza--o de las tantas que tengo ahí mismo en es dicho lapso de tiempo--Solamente observé periódicos al llegar: no encontré utilidad en la literatura ni en la democracia, a pesar que la frase de Manuel Clouthier era genial, hecha a base de huevos. No cuenta nada escribir: hacerlo confirma la censura del lenguaje sobre nosotros...nada más. Entiendo ya esta pulsión, tal vez...en Matemáticas, al hacerlo consciente, se igualaría, por lo tanto la calma estaría en saber que se es pasajero y ni ésta puede mantenernos eternos. Solamente estoy seguro de algo en mi vida. Curiosamente, no es la muerte.

domingo, 14 de febrero de 2010

sábado, 6 de febrero de 2010

Días de olvidar


Raúl Orvañanos dijo una vez en la televisión: "si la mete...es gol". Ese día lamentablemente México se encontró a sí mismo.

lunes, 1 de febrero de 2010

Los relámpagos de enero


El día de hoy a las 12:00 PM me di cuenta que un caso particular en mi vida profesional parecía una novela de Jorge Ibargüengoitia (una de las dos que ganó premio de la Casa de las Américas). Un día tendré que aprender a no reirme sin consecuencias.

jueves, 28 de enero de 2010

Gestar el apocalípsis


Mucho tiempo he estado durmiendome temprano: podría amanecer con los ojos rojizos a las seis de la madrugada o siete, después de leer, escribir o tocar a Dulcinea-mi guitarra- o simplemente llegar de una gran borrachera, a veces ni llegar, pero por salud, sueño y convicción he decidido dormir temprano, sobre todo durante la pequeña enfermedad que provoca un malestar anatómico en mí. Al despertar, recordé por alguna extraña razón mis clases de cuarto semestre en la tarde. El personaje criatura que cree en el creador y éste a su vez depende de qué tanto crea su creación en él. Sentí un inmenso terror al ir al baño. He sido católico hereje durante mis 23 años de vida, tal vez a imagen y semejanza del Dios hereje en un poema de Miguel de Unamuno. Tanto he reclamado a veces al creador: mi padre dice que el creador es solo eso, que no es un padre. Mi temor fue darme cuenta que tal vez para mis personajes yo era así. Un día saldrían de mi libreta a arrojarme el mismo infierno en el que sufren, sobre todo los que se llaman igual que yo y no tienen la vida que tengo y sienten merecerla más que yo. Tal vez, como en el Hipogeo Secreto de Salvador Elizondo, un día se levanten a buscarme y lo logren, sin saber acaso que alguien me escribe. Eso no es lo que me molesta, ya es un ejercicio común el infinito. El problema radica que si un día me atrapan no sólo desaparesca yo, sino lectores que desconozco y así con ellos la humanidad entera. Todas las noches duermo con ella a lado de mis brazos.

miércoles, 20 de enero de 2010

De fusilamientos internos


Los convencionalismos son el filo de una navaja dentro de nuestro cuerpo. Así como para morir precisa madrugar, los profesionistas y desempleados despiertan de sus camas con el fin frente a sus rostros: una hilera militar formada por sus frustraciones, la posibilidad de comer, como el último deseo similar al de un cigarro antes de la muerte, y las voces de los seres que ama en su vida. La sociedad castiga y lo hace desde adentro. La sociedad se castiga a si misma en la intolerancia y la prudencia entendida desde la perspectiva de William Blake en los proverbios del infierno. Hasta no entender esta coinciliación del cielo y los condenados en el matrimonio de Blake, el gobierno y sus demás emuladores sociales traerán consigo su propia caída. Mientras tanto, debido a nuestra ignorancia para calcular los hechos sociales como lo hacían algunos personajes de Asimov en "Fundación", muchos tendrán que esperar y recibir ese castigo hasta convertirse en cadaveres reincidentes de su propia creación.

domingo, 17 de enero de 2010

miércoles, 13 de enero de 2010

Plataformas sociales: el opio de la civilización (¿1ra parte?)


a Israel "el to be continued" Pedraza


Si algo me he arrepentido en mi vida universitaria es haberme perdido en primer semestre una conferencia-más bien plática- titulada "Un escape a través de la ficción", boleto que la sociedad de alumnos de letras de ese entonces aún conservaba hace días (5 años) en la cartera, antes de buscar mi antigua tarjeta de circulación, que ya no es necesaria, pues acabo de sacar la del 2010. En esta conferencia, participaron Benjamin Valdivia (lean la Tempestad 69, estética de la catástrofe) y mi sensei Fidel Chávez Pérez. ¿La razón? Un quiz de la clase Administración con Jorge Polo-buen maestro, por cierto...creo que sí algo le debo a mi actitud en el aula, como docente, es a él, aunque no lo sepa-. Fuera de la moral que si debí haber ido o no, el hecho es que no fui a la plática, siendo que el boleto tenía precio, no sé si alguien pagó por él, y a mí me lo regalaron. Desde entonces tuve mi primer acercamiento al por qué de la apatia hacia las actividades de las mesas directivas, particularmente en la carrera de Letras. ¿A qué viene el caso todo este preámbulo o prolegómeno del título? No lo sé...me hubiera gustado escuchar esa plática aunque a estas instancias de mi vida profesional en el desempleo creo poder dar una aproximación. No lo haré hasta que lea un poco más. Siempre me gusta contemplar a lo Casper en sus pinturas. Hace tiempo en mis viejas actividades como maestro un alumno tenía una comportamiento distinto al de los demás. Sin embargo, en vez de presionarlo con una mala calificación lo miré a los ojos cada vez que sonreía y decía "no sé de que hablar" y contesté: "estoy seguro que vas a sacar algo un día antes, si no es que el mismo día para tu discurso persuasivo". No quise presionar: no había fuertes vestigios de depresión en él, solamente un alma lúdica a punto de reventar: era un cuadro de Casper. Días más tarde antes de su presentación, lo topé saliendo de una de las aulas y mencionó: "mi tema es el facebook como el opio de las masas", su mirada iba hacia el suelo, con aspavientos de taladro en los brazos...luego de esa pequeña furia y pasión en el tema, voltea y aclara que mejor hablará del messenger, pues no estaba familiarizado con el Facebook. Nada de lo que diré aquí es nuevo. Tampoco lo que dijo mi alumno, pero el opio me pareció un buen eco hacia la crítica del cristianismo (una pista: tiene bigote).
Haciendo una comparación con el programa "The office" cuando se presenta el juego SECOND LIFE, donde Dwitgh se crea a sí mismo, con la mínima diferencia de poder volar, su mismo "avatar" crea un SECOND SECOND LIFE para personas todavía más alejadas o retraídas de la realidad...es ahí donde encontramos similitud con las plataformas sociales: un escape a través de la ficción, especialmente, la mala ficción. Una crítica en el Facebook (el más popular, ya hablaré de Twitter en otra ocasión, como lo haría Damian Calvo en www.centrodeingeligenciapolitica.com) sería en una misma cuenta crear otro Facebook dentro del Facebook, dando a entender que la misma realidad virtual no puede con la sociedad electrónica que lo juzga y tiene que soñarse distinto más y más alejado de la realidad. En un escrito que borré en esta misma plataforma cuando escribía, aludía a la palabra reincidencia y como la desesperación expandía a la misma creando así una realidaad alterna. Pongamos un ejemplo sencillo: hace poco Gabriel Zaid mencionaba una realidad no tan alejada de lo que ocurre en nuestros días: hay más autores que lectores...no es el primero en decirlo, pero me da gusto que lo haya mencionado de nuevo en un país tan carente de memoria (me incluyo...vean a Venezuela: puede caer en los errores económicos de México en el '82). ¿Cuál es el valor de escribir dentro de la sociedad para soñar con tener un espacio en los libreros de nuestras bibliotecas nacionales o en las librerías de las plazas comerciales-pido a lado de Gaby Vargas-? Las plataformas sociales crean la misma ilusión o parecida a la de querer ser escritor: similar, pero vuelvo a este punto después de culminar este ejemplo. Hay más autores que lectores. Muchos de los casos artísticos cuando se busca el bien externo más que el valor de una voz o de la literatura misma-la más grosera y bella por naturaleza-provienen de la búsqueda de aprobación. Necesito una plataforma para poder ser aceptado en lo que no fui en mi infancia: si alguien piensa en la mamá de Leonard en "The Big Bang Theory" puede señalarlo, comparto la misma culpa: hagamos más reincidencias si lo quieren.
De esto se trata la interacción de las plataformas sociales: proyectar una personalidad alterna (¿alterego?), un escape a través de la ficción, de una interpretación de un fragmento de la realidad, generalmente un fragmento que deseamos reubicar o pulir con el fin de lograr otro resultado distinto al de la insatisfacción. Sus repercusiones radican en la mutilación de la mente y el cuerpo. El tratado de la desesperación de Soren Kierkegaard nos habla de la falta de finito e infinito. La desesperación es la prolongación de una muerte que todavía no ocurre, pero que causa angustia y agonía por su aparente presencia: toda desesperación busca la muerte, aunque sea la muerte de un mal momento y no la que todos enfrentamos al final de nuestras vidas, pues vivir es una amenaza de ésta. Los exámenes rápidos o llamados "quizzes" siempre tendrán nuestro deseo de ser otro personaje: Doctor House, sobreviví a un holocausto Zombie, soy Sócrates. Los lectores de mente que son un gancho con carnada en busca de un pez: una forma indirecta de mostrar la oscuridad de nuestros pensamientos. No es lo mismo si lo digo yo al aire a que lo diga la programación de una máquina. Después de todo...la estética de la recepcción nos ha dicho que el lector llena los vacíos acorde a como los presenta el texto. En este caso, son demasiados textos en un vacío, pero todos nos llevan a una conclusión: deseo y seducción hasta que el cuerpo reclame su lugar en el mundo y recuerde que la realidad reclama su lugar en el mundo. Toda plataforma social es una aspiración material en lo virtual.

miércoles, 6 de enero de 2010

Sueños de la Colonia Estrella


a A


No hace mucho reconocí que la practica del silencio era la peor de todas las escrituras, tanto por su dificultad, como por su engañosamente insípida calidad para llevar a los seres humanos al verdadero borde de la locura, creo más bien al de la destrucción de su ser o a una nueva posibilidad de la cual no tengo condiciones para asimilarla todavía a mi escueta edad de veintitres años. Es una contradicción a muchas de mis posturas, innecesarias nombrarlas, pues no tengo motivos para hacerlo; destaca un exceso de todo: libros, información, personas en el planeta, desmotivaciones, conocimiento útil, inútil o pragmático según su momento o los temores de un abismo experimental causado por los impulsos del espíritu, muchos de ellos al parecer anacrónicos u hostiles para esta época. La mejor solución radicaba en convertirse en un fiel anacoreta lejos de la ciudad, en una biblioteca dedicada a un viejo bisabuelo alemán, refugiarme en el trabajo de campo, leer sin escuchar a los demás y poner en práctica lo más extremo de mi ser marginal: he sido extranjero de mi generación y, lo peor, un autoexilio de mi cuerpo encuadernado. Luego decidí optar por añadirme a la comunidad cenobita, en practicas de escribano, con un sueldo menor, sin deseos de soñar, viajar o hacerme de un nombre. Ni siquiera era la búsqueda del olvido como algunos de mis maestros me la han enseñado. Tan sólo quería huir de tanto terror, de tanto silencio que se me trepaba por las caderas. Recuerdo que un día me mencionaron que era demasiado joven para preguntarme para qué escribía y mencionaron un caso de Lezama Lima, donde alguien pudo decirle exactamente lo que quiso decir en sus escritos. Hace frío y no he parado de escribir aunque las uñas amanezcan gélidas por el equilibrio térmico del cemento en mi cabeza: falta la mitad de un relato y uno más en proceso, tal vez en verano empiece una novela. Sólo dedicaré este espacio para eso: escribir. No hay ninguna pretensión ni ansiedad ni halago en ello. Bueno...miento. Siempre estoy mintiendo. Todos lo hacen por algo, a veces por buscar la inmortalidad en las letras aunque sea por baja autoestima o necesidad de dinero. Yo solo tengo un sueño y ese sueño es el que me lee. Apenas comienzo. Me es más que suficiente.