jueves, 28 de enero de 2010

Gestar el apocalípsis


Mucho tiempo he estado durmiendome temprano: podría amanecer con los ojos rojizos a las seis de la madrugada o siete, después de leer, escribir o tocar a Dulcinea-mi guitarra- o simplemente llegar de una gran borrachera, a veces ni llegar, pero por salud, sueño y convicción he decidido dormir temprano, sobre todo durante la pequeña enfermedad que provoca un malestar anatómico en mí. Al despertar, recordé por alguna extraña razón mis clases de cuarto semestre en la tarde. El personaje criatura que cree en el creador y éste a su vez depende de qué tanto crea su creación en él. Sentí un inmenso terror al ir al baño. He sido católico hereje durante mis 23 años de vida, tal vez a imagen y semejanza del Dios hereje en un poema de Miguel de Unamuno. Tanto he reclamado a veces al creador: mi padre dice que el creador es solo eso, que no es un padre. Mi temor fue darme cuenta que tal vez para mis personajes yo era así. Un día saldrían de mi libreta a arrojarme el mismo infierno en el que sufren, sobre todo los que se llaman igual que yo y no tienen la vida que tengo y sienten merecerla más que yo. Tal vez, como en el Hipogeo Secreto de Salvador Elizondo, un día se levanten a buscarme y lo logren, sin saber acaso que alguien me escribe. Eso no es lo que me molesta, ya es un ejercicio común el infinito. El problema radica que si un día me atrapan no sólo desaparesca yo, sino lectores que desconozco y así con ellos la humanidad entera. Todas las noches duermo con ella a lado de mis brazos.

1 comentario:

  1. Necesitare una buena explicación acerca de esto... a veces pienso lo mismo, pero es una capacidad que solo tu tienes.
    No yo

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