miércoles, 24 de marzo de 2010

Violencia en el país de las maravillas


Varias han sido las ideas que han ido rondando en mi cabeza la última semana. Hoy, por una razón en particular, pensé que era prudente escribir una entrada más, acordonar estas ideas en el espacio y decidir usar una antibiótico frente a la fiebre debido a una infección desde hace días.


I


Al ir en el camión, una de mis rutas favoritas porque no tiene amortiguadores, me topé con una antigua amiga, molesta y casi sin ganas de saludar por su misma situación de desempleo. Mencioné que yo estaba en inactividad porque estoy preparándome para mi examen de admisión en el doctorado. "No se vale mamar y dar patadas si estás mamando de la teta", dijo indignada porque fue despedida por un mal entendido o denuncia de un compañero, el cual daba estas patadas. Bajé rumbo a la macroplaza a leer y escribir. Pensé en esa frase. Tal vez estaba en lo correcto: una frase con bastante moral cristiana, de la mala, la que tanto daño ha hecho a los inocentes y tanto bien a los imbéciles que crecen con la ciudad. Sin embargo me puse a pensar: "es válido dar patadas o morder la teta si sabes que esa leche se obtiene por medios injustos". Muchas cosas cambiarían en la política. Sobre todo en cultura y educación.


II


Tanto se ha hablado de la risa. Convierte en nada aquello en lo que antes teníamos esperanzas, cura, destruye instituciones corruptas, humilla o libera; sin embargo, su abuso conlleva a la evasión y no solo eso. Una risa puede tener la más profunda tristeza de la humanidad. Reirnos de nosotros no es tan sano después de todo. Pero, en todo caso, reirse de uno mismo es lo más natural dentro de lo grotescto y absurdo de nuestra existencia. Ninguno de los dos lados--reirnos o afrontar-- tiene la razón en la vida. Tan sólo son.



III


En unos minutos partiré a un lugar, debido a mi participación con un grupo de jóvenes exiliados (voluntaria e involuntariamente) de un espacio donde coincidimos en el pasado. Hay ambigüedad en el aire. Todo estará bien. Espero mi sueño lo sepa.

domingo, 7 de marzo de 2010

La moral de los corsarios


El cine puede servir como instrumento de una revolución, sobre todo a manera de propaganda, como ocurre en los mensajes al inicio de la función, en particular aquellos que tratan la pirateria. El internet es un medio donde las opiniones pueden coincidir en la estupidez e ignorancia por debajo de la moral en estos anuncios: tenemos un papá pirata o no se moleste en llamar a la hora de pedir un trabajo. Por otro lado, fuera de este interés sin fin en las discusiones, pero siempre móvil en el tiempo, mi interés está en la frase que alude al hecho de comprar pirateria como un signo de identidad: adquirirla y fomentarla te dice quien eres, pero, en los cines, bajo la moral de una cultura dominante, capaz de drenar los cerebros de lo oprimidos o de los verdaderos muertos vivientos del amanecer de los muertos de Romero.


Juguemos un poco con las palabras de los emisores: comprar pirateria me dice quién soy. Cierto...sin embargo, estas ilocuciones en el lenguaje despiertan cierto racismo y proyectos nacionales, por lo tanto, de un pequeño porcentaje de la población. Quien compra pirateria no asume la actitud de estos mensajes, es más bien, la única manera viable de sentir la ilusión del sueño burgues, compartir el mismo estilo de vida--en apariencia--con el de los que tienen buen nivel en su "espíritu". Comprar pirateria habla de una sociedad de cuerpos usurpados por las empresas y la contradicción de clases. La pirateria es el ideal apócrifo de la burguesía a través de los ojos del proletariado. Los comerciales que la denuncian son expiaciones o indulgencias de los pecados de las clases altas con el fin de continuar bebiendo como parásitos sin talento, para así no sentir culpa alguna de sus equivocaciones al prójimo, al otro, al pirata en medio del naufragio social.