
Varias han sido las ideas que han ido rondando en mi cabeza la última semana. Hoy, por una razón en particular, pensé que era prudente escribir una entrada más, acordonar estas ideas en el espacio y decidir usar una antibiótico frente a la fiebre debido a una infección desde hace días.
I
Al ir en el camión, una de mis rutas favoritas porque no tiene amortiguadores, me topé con una antigua amiga, molesta y casi sin ganas de saludar por su misma situación de desempleo. Mencioné que yo estaba en inactividad porque estoy preparándome para mi examen de admisión en el doctorado. "No se vale mamar y dar patadas si estás mamando de la teta", dijo indignada porque fue despedida por un mal entendido o denuncia de un compañero, el cual daba estas patadas. Bajé rumbo a la macroplaza a leer y escribir. Pensé en esa frase. Tal vez estaba en lo correcto: una frase con bastante moral cristiana, de la mala, la que tanto daño ha hecho a los inocentes y tanto bien a los imbéciles que crecen con la ciudad. Sin embargo me puse a pensar: "es válido dar patadas o morder la teta si sabes que esa leche se obtiene por medios injustos". Muchas cosas cambiarían en la política. Sobre todo en cultura y educación.
II
Tanto se ha hablado de la risa. Convierte en nada aquello en lo que antes teníamos esperanzas, cura, destruye instituciones corruptas, humilla o libera; sin embargo, su abuso conlleva a la evasión y no solo eso. Una risa puede tener la más profunda tristeza de la humanidad. Reirnos de nosotros no es tan sano después de todo. Pero, en todo caso, reirse de uno mismo es lo más natural dentro de lo grotescto y absurdo de nuestra existencia. Ninguno de los dos lados--reirnos o afrontar-- tiene la razón en la vida. Tan sólo son.
III
En unos minutos partiré a un lugar, debido a mi participación con un grupo de jóvenes exiliados (voluntaria e involuntariamente) de un espacio donde coincidimos en el pasado. Hay ambigüedad en el aire. Todo estará bien. Espero mi sueño lo sepa.

