miércoles, 6 de enero de 2010

Sueños de la Colonia Estrella


a A


No hace mucho reconocí que la practica del silencio era la peor de todas las escrituras, tanto por su dificultad, como por su engañosamente insípida calidad para llevar a los seres humanos al verdadero borde de la locura, creo más bien al de la destrucción de su ser o a una nueva posibilidad de la cual no tengo condiciones para asimilarla todavía a mi escueta edad de veintitres años. Es una contradicción a muchas de mis posturas, innecesarias nombrarlas, pues no tengo motivos para hacerlo; destaca un exceso de todo: libros, información, personas en el planeta, desmotivaciones, conocimiento útil, inútil o pragmático según su momento o los temores de un abismo experimental causado por los impulsos del espíritu, muchos de ellos al parecer anacrónicos u hostiles para esta época. La mejor solución radicaba en convertirse en un fiel anacoreta lejos de la ciudad, en una biblioteca dedicada a un viejo bisabuelo alemán, refugiarme en el trabajo de campo, leer sin escuchar a los demás y poner en práctica lo más extremo de mi ser marginal: he sido extranjero de mi generación y, lo peor, un autoexilio de mi cuerpo encuadernado. Luego decidí optar por añadirme a la comunidad cenobita, en practicas de escribano, con un sueldo menor, sin deseos de soñar, viajar o hacerme de un nombre. Ni siquiera era la búsqueda del olvido como algunos de mis maestros me la han enseñado. Tan sólo quería huir de tanto terror, de tanto silencio que se me trepaba por las caderas. Recuerdo que un día me mencionaron que era demasiado joven para preguntarme para qué escribía y mencionaron un caso de Lezama Lima, donde alguien pudo decirle exactamente lo que quiso decir en sus escritos. Hace frío y no he parado de escribir aunque las uñas amanezcan gélidas por el equilibrio térmico del cemento en mi cabeza: falta la mitad de un relato y uno más en proceso, tal vez en verano empiece una novela. Sólo dedicaré este espacio para eso: escribir. No hay ninguna pretensión ni ansiedad ni halago en ello. Bueno...miento. Siempre estoy mintiendo. Todos lo hacen por algo, a veces por buscar la inmortalidad en las letras aunque sea por baja autoestima o necesidad de dinero. Yo solo tengo un sueño y ese sueño es el que me lee. Apenas comienzo. Me es más que suficiente.

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